¡No sufras por las marcas!

“No sufras por las marcas”, es equivalente a “no sufras por tus emociones”. Cuando entregas tus emociones sin modulación, lo que sientes se convertirá en el amo de tus actos. ¿Cómo liberarte?


Verano 2002. Minuto 90 del segundo juego de Cuartos de Final entre Toluca y Necaxa por el torneo mexicano.

El jugador colombiano Castro anotó el tercer gol de la serie para dejar fuera a mi equipo. Lloré. Lloré desconsoladamente. Berreaba como un becerro. Nada me consolaba. Lloraba sin que nada me pudiera calmar.

Era un niño de 13 años. Sufría por un juego que aún no entendía. Con mi poco entendimiento del fútbol, le atribuía la eliminación de mi equipo a “El Rambo” Sosa. Aunque realmente él no había anotado en el juego de vuelta sino en el de ida. El otro anotador de la serie fue “Zague“. El Necaxa eliminó al Toluca por un marcador global de 0-3.

Apagué la televisión, hice berrinche, lloré mucho. ¡Cómo habían podido eliminar a mi equipo! Salí al patio de la casa y ahí estaba mi papá.

¿Qué te pasa?

¡El Necaxa eliminó al Toluca! *sniff, sniff*

¿Cómo fue?

¡”El Rambo”, “el Rambo” Sosa nos eliminó!

*Con una ligera sonrisa en su rostro*, tranquilo otros torneos vendrán para el Toluca.

¡No! ¡Ya no habrá más! ¡No puede ser! ¡Se acabó!

*Su rostro cambió a modo serio* ¡No sufras por las marcas! ¿Te das cuenta? Eres víctima de las marcas. ¿Sabes cuántos intereses están dentro del fútbol?

No, yo sólo sé que eliminaron a mi Toluca ¡es lo peor que me pudo haber pasado!

Luego de unos minutos, me calmé un poco. En realidad no había entendido lo que mi papá me quería decir. Me dio vergüenza seguir llorando por algo que no comprendía totalmente.

Con los años, me enteré sobre cómo se maneja el fútbol mexicano. El último juego de ese campeonato tuvo unos manejos dudosos de los que aún se habla entre la afición mexicana. Así sucede cada torneo.

¿Cómo no iba a ser tan paciente mi papá ante la derrota si él apoyaba al Club Puebla? Aunque yo no lograba entender por qué apoyaba a La Franja, él siempre le fue fiel. No le importaba mucho si en los torneos cortos el equipo ofrecía pésimos torneos y siempre estaba en lugares de descenso.

Después de todo, ese gran cariño sólo se puede entender porque es el equipo con el que creció en su ciudad. Estaba pendiente de los juegos, lo vi emocionarse y decepcionarse en instantes. Apagaba la televisión cuando el marcador era adverso. Se ponía a hacer otra actividad. Nunca lo vi sufrir por una eliminación. Menos por una goliza. Simplemente se retiraba para hacer algo que le gustara o que le diera calma.

Con el paso del tiempo, comprendo que aquella tarde de mayo, cuando me consoló por la eliminación del Toluca, también me estaba dando uno de los consejos más valiosos que me serviría de por vida. Él trató de hacerme entender que el fútbol estaba lleno de intereses que lo que menos cuidaban era la esencia del deporte.

Me explicó que en todo caso, con la eliminación de mi equipo, los únicos que sufrirían serían los patrocinadores que tenían intereses económicos. Que los nuevos torneos vendrían y que siempre habría más oportunidades para que mi equipo pudiera ganar. Que se trataba de disfrutar el juego como un deporte pero no como un fanatismo.

No he dejado de apoyar al Toluca desde que me hice aficionado. Aunque ahora lo hago de una manera más moderada. Ya no pierdo los nervios cuando “mi equipo” no gana.

Desde hace 12 años el Club Deportivo Toluca no gana nada. A pesar de ser uno de los clubes históricos que más títulos ha ganado en la Liga MX.

He aprendido a disfrutar y a sufrir diferente todos estos torneos. Ahora soy yo el señor que apaga la transmisión y se retira en silencio cuando “estamos perdiendo”. Ya no me perturban las derrotas o los malos manejos administrativos del equipo. Si gana o pierde, eso no está en mis manos. Nunca dejaré de apoyar a mi equipo, pero lo haré de una manera estoica.

“No es necesario que aparezcas mucho en los juegos públicos, pero si se presenta la ocasión, no dejes que la gente te vea apoyando cualquiera de los lados excepto el tuyo. Quiero decir que debes querer que el resultado sea exactamente el que es y que el ganador sea exactamente el que ganó. De esta forma no te decepcionarás. Abstente por completo de gritar o entusiasmarte por alguien o involucrarte fuertemente. Después de terminar, limita tu relato de los eventos a las experiencias que influyen en tu propia mejora. De lo contrario, la gente pensará que te impresionó el espectáculo”.

Epicteto

Hace unos años pasaba mucho tiempo viendo juegos de fútbol, transmisiones de radio, resúmenes de los partidos, estadísticas, historias de los jugadores, periódicos, revistas y todo lo relacionado.

Supongo que con la cantidad de tiempo y dinero que gasté en mi afición al fútbol, pude dedicarme a hacer algo que me hubiera sido más provechoso.

El fútbol es un entretenimiento, no un sufrimiento

“¿Entonces la solución está en no disfrutar el fútbol?” No me refiero a eso exactamente. Se puede ver un espectáculo deportivo con alegre indiferencia. Sin importar el resultado a favor o en contra, lo más importante es cómo reaccionas ante ello. Disfrutar pero no sufrir por el resultado.

Si podemos crear un patrón de respuesta diferente, avanzamos. Cuando nuestro equipo favorito gana, es posible que la pasión nos haga liberar euforia, pero si pierde, sale la miseria. Aprender a controlar las emociones es ganar libertad en la vida.

Cuando aprendemos a ver el fútbol o cualquier otro deporte de manera serena, eso también se transfiere al resto de nuestra vida. Por ejemplo, en el trabajo a veces las cosas no salen como quisiéramos. Pero en lugar de hundirnos en la miseria, podríamos responder con más tranquilidad. La mayoría de las cosas no dependen absolutamente de nosotros.

Pero de igual manera, cuando las cosas salen bien, tampoco sirve de mucho dejarse llevar por la euforia. Celebrar sin medida nos podría hacer olvidar nuestros propósitos a largo plazo. Simplemente tomar una situación favorable como lo que es.

Las palabras que mi papá me dijo hace unos años, ahora me resuenan con más sentido: “No sufras por las marcas”, es equivalente a “no sufras por tus emociones”.

Cuando entregas tus emociones sin modulación, lo que sientes se convertirá en el amo de tus actos. Es un tipo de opresión que aceptas sin ninguna condición y que tiene total control de tí.

Te recomiendo, siempre que puedas, dar unos pasos atrás para ver el escenario completo de las cosas que te suceden con un espíritu lógico y deductivo.

Aunque sé que estoy tratando de interpretar una lección que aprendí hace algunos años, no dejo de pensar que esta es una forma efectiva para entrenarse en un estilo de vida estoico.

¡Libérate de las pasiones que te esclavizan!